lunes, 26 de noviembre de 2012

José de Espronceda y La Canción del Pirata

José de Espronceda fue un célebre escritor Romanticista español.
Nació en Badajoz en 1808 y estudió en Madrid . Con 15 años fundó con dos amigos más la sociedad secreta de los Numantinos con el fin  de vengar la muerte de Rafael del Riego, según decían. Posteriormente, funda junto a otros alumnos de su antiguo maestro Alberto Lista, la academia del Mirto porque el colegio creado por este había sido clausurado. Fue denunciado en 1825 por sus actividades intelectuales y desterrado a un monasterio de Guadalajara durante 5 años. Después de salir de su exilio viajó por diversos países de Europa en estado de exiliado liberal. En uno de los viajes a Portugal encontró a su amada, Teresa, con la que se encontraría furtivamente y después ella morirá al poco tiempo. A partir de aquí, Espronceda se dedica al periodismo y a la política.

Respecto a su obra podemos encontrar sobretodo poemas, pero tampoco faltan romances, sonetos, teatro y novelas. De entre sus poemas, el que más importancia ha ganado ha sido la canción del pirata el cual introduciré a continuación:

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:
-Navega, velero mío,
  sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

Funciones del lenguaje

Las funciones del lenguaje se refieren al uso que le da un hablante a su lengua a la hora de comunicarse. Es decir son los objetivos con los que se transmite el mensaje y el sentido que se le da los que determinan que función tiene cada uno de estas transmisiones. El lenguaje tiene seis funciones diferenciadas, entre las cuales podemos encontrar:

Por un lado la función apelativa o conativa ( del latín "conatus" que significa inicio) porque el emisor espera el  inicio de una reacción por parte del receptor. Se podría decir que es la función de mandato o pregunta.

Por otro lado encontramos la función referencial o representativa, que es la que se concentra en el contexto. Está presente en todos los actos comunicativos. Se da cuando el mensaje que se transmite puede ser verificable porque claramente reconocemos la relación que se establece entre el mensaje y el objeto. Tiene como función informar.

También tenemos la función emotiva o expresiva. Se caracteriza por encontrarse en primera persona y por permitir al emisor exteriorizar sus actitudes, sentimientos y estados de ánimo así como la de sus deseos, voluntades y el grado de interés o de apasionamiento con que realiza determinada comunicación. Esta función se cumple, por consiguiente, cuando el mensaje está centrado en el emisor.

Además, podemos encontrar la función poética. Está centrada en el mensaje y sale a relucir cuando se quiere destacar el contenido del dicho mensaje y cuando el lenguaje tiene fines estéticos.

Asimismo, tenemos la función fática o de contacto que se centra en el canal. Su función es iniciar, prolongar, interrumpir o finalizar la conversación o ver si existe algún tipo de contacto. Función informativa nula, se utiliza como saludo o forma de contacto.

Por último tenemos la versión metalingüiística,  que se centra en el propio código de la lengua. Se utiliza para hablar del propio lenguaje , aclara el mensaje. Se manifiesta en declaraciones y definiciones.